La “fábrica de agua” que desperdicia Guadalajara

Violeta Meléndez / Reportera especializada en temáticas ambientales

Mientras se promueven obras como la presa El Zapotillo como única solución para garantizar el suministro de agua, Guadalajara desaprovecha sus propios recursos hídricos con una gestión ineficiente, que ha demostrado no ser funcional para la población ni para los cauces naturales

Anualmente, la subcuenca de Atemajac-Colomos proveía a la ciudad de casi cuatro millones de metros cúbicos de agua. Aunque en los últimos años la urbanización la ha mermado, sigue siendo una prolífica fuente del recurso.

El discurso oficial de las autoridades locales y nacionales ha versado desde hace más de una década en que Guadalajara no tiene agua suficiente para su población creciente, que hay gente en el AMG sin acceso al recurso por la falta de disponibilidad y que, por esto mismo, peligra el futuro de la ciudad.

Primero plantearon como única solución a los problemas de abasto de agua la presa Arcediano, que luego de destruir una población y gastar millones de pesos en el proyecto, quedó descartado. Pero el discurso fatalista sobre la urgencia de conseguir una nueva y voluminosa fuente de líquido continuó.

Los siguientes proyectos a los que apostaron fueron las presas El Zapotillo y Purgatorio. Con ambas se pretende hacer valer el acuerdo para la distribución de las aguas del río Verde que, desde hace 21 años, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) repartió a Jalisco y Guanajuato de la siguiente manera: que Guadalajara tome 384 millones de metros cúbicos anuales y León 119 millones de metros cúbicos.

Al igual que la Conagua, el gobierno del estado de Jalisco ha mantenido la postura de que sin El Zapotillo se pone en riesgo el suministro de agua para el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG). Y para reforzar esta versión, incluso han hecho uso de medidas como los tandeos para que la gente viva en carne propia la supuesta carencia del líquido.

¿Cuánto tiempo le queda a Guadalajara antes de una crisis hídrica?, ¿son el Zapotillo y El Purgatorio lo que necesita la ciudad para garantizar su abasto a mediano y largo plazo? Mientras las autoridades sostienen que sí, hay expertos que opinan lo contrario.

Jaime Eloy Ruiz Barajas, ambientalista, profesor de la Universidad de Guadalajara, que ahora dirige el colectivo ciudadano Pro Bosque Pedagógico del Agua, ve todos estos posicionamientos oficiales como un engaño y un chantaje para la ciudad con tal de concretar ambas presas, pero sobre todo El Zapotillo.
A decir del activista, lo que necesita Guadalajara no es una agresiva obra como la que se pretende hacer inundando los poblados de Temacapulín, Acasico y Palmarejo. Lo que la ciudad requiere es un ordenamiento y aprovechamiento inteligente de las fuentes hidrológicas metropolitanas: una gestión funcional y sustentable del agua.

La Primavera, una fábrica de agua
Ruiz Barajas explica con detenimiento que el bosque La Primavera es una verdadera “fábrica de agua” que distribuye el recurso a través de la subcuenca Atemajac-Colomos, que a su vez, recorre cuatro microcuencas que afloran en el bosque Los Colomos I, II y III: El Chochocate, La Culebra, Los Barrenos y el arroyo de la Campana. Según estudios del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) que datan de 1995, la subcuenca Atemajac-Colomos encauza cada año tres millones 799 mil 456 metros cúbicos de agua que, debido a la obstrucción de innumerables obras, en los últimos 20 años se ha disminuido, pero continúa siendo prolífica.

“Para qué se quieren ir a hacer una presa como El Zapotillo, que va a ser un gravísimo error, si aquí nosotros tenemos agua, tenemos una enorme fábrica de agua que es el bosque de La Primavera. Lo que nos da, no nos lo acabaríamos”, plantea.

“No se trata de decir ‘esta subcuenca nos da tanta agua, agárrenla toda’, no, sino manejar el balance hidrológico y estudios de ecosistemas para no alterarlos. Lo que tenemos que hacer es un proyecto innovador, sustentable, ese debe ser el desafío para los ingenieros, para las administraciones. ¿Cómo vamos a entubar lo que queda de una cuenca, que podría ser un modelo a seguir?”

Ruiz Barajas se refiere a los proyectos que, aún en el tintero de los ayuntamientos de Guadalajara, Zapopan y el gobierno del estado, prevén entubar la cuenca de Atemajac, encauzada actualmente como un canal sobre avenida Patria, pues en tiempos de lluvia las grandes corrientes que ahí se forman representan un grave peligro para mil 200 personas que viven la zona.

El planteamiento para avanzar en el problema de abasto del recurso es concreto:

crear infraestructura en la ciudad para la captación de agua de lluvia que no se involucre con el drenaje -como actualmente lo hace-, encauzarla hacia la cuenca endorreica de El Bajío, para que naturalmente se filtre y la derive a la subcuenca Atemajac-Colomos, y de ahí se abastezcan de manera sustentable más colonias metropolitanas.

“Los gobiernos siempre dicen que hay cerca de un millón de personas que no tienen agua, pero son perversos y mentirosos porque no es que no haya agua para darles, sino porque no tienen infraestructura para hacerles llegar el agua. Agua sí hay”.

Hasta ahora no hay señales de que se vaya a construir una red hídrica para el agua pluvial, las microcuencas que traen el agua desde la subcuenca Atemajac-Colomos están sometidas a presiones inmobiliarias, y El Zapotillo sigue entrampado, pero listo para inundar tres poblaciones con agua del río Verde, tan pronto la Suprema Corte de Justicia le autorice avanzar.

¿Qué ha fallado en la gestión integral del agua para la ciudad?               
La mayor fuente de agua para Guadalajara es Chapala, después la presa Calderón y finalmente los mantos freáticos. El error histórico en la gestión del agua ha sido confiarse de Chapala e ignorar la necesidad de recargar los mantos acuíferos, que como no dan tanto líquido como la laguna, se han olvidado.

La evidencia científica internacional establece que en el contexto de las altas temperaturas y sequías que se avizoran con el cambio climático, las ciudades deben apostar por abastecerse en un futuro cercano del agua subterránea, es decir, de los acuíferos, porque no son tan vulnerables a una pobre temporada de lluvias, evaporación o mal uso humano, como sí ocurre con las presas, ríos o lagunas, de las que aún se sigue dependiendo y proyectando.

La Primavera tiene una enorme capacidad de infiltración, sobre todo en zonas como El Bajío, pero se ha dejado invadir y por lo tanto “impermeabilizar” por obras como el estadio Omnilife, la Villa Panamericana, viviendas y negocios en el contorno del bosque, que disminuyen su capacidad de absorción.

Descargar el texto completo aquí

Un espacio de ocio para pensar y platicar la ciencia

botones

Maya Viesca Lobatón / Académica del Centro de Promoción Cultural y coordinadora del Café Scientifique del ITESO

Para el aclamado físico teórico y divulgador Michio Kaku los humanos venimos al mundo naturalmente científicos: “cuando nacemos, queremos saber por qué brillan las estrellas, por qué el sol se levanta”. Es una cita conocida su consejo de “mantener la llama de la curiosidad y el asombro con vida, […] es la fuente de la que nosotros, los científicos, obtenemos nuestra alimentación y energía”.

Las ricas trayectorias de estos investigadores, reflejo de las muchas preguntas que se han planteado en la vida y las maneras que han elegido para responderlas, sirve de plató para que los asistentes hagamos el ejercicio de formular nuestra curiosidad, de recuperar esa inocencia de nuestros años mozos cuando aún no la habíamos etiquetado como ignorancia; cuando no habíamos aún tapiado el pozo de nuestra capacidad de asombro a fuerza de obtener respuestas flacas o incapaces.

Biólogos, físicos, matemáticos, geólogos, arqueólogos, psiquiatras, entre muchos otros que abrazan en la base de su trabajo el método científico, se disponen el primer martes de cada mes en la hermosa Casa ITESO Clavigero para dar respuesta a preguntas como ¿cómo el ser humano empezó a multiplicar y emplear en su vida sustantivos, verbos, artículos o preposiciones para pasar de sus primeros balbuceos para conseguir comida o refugio hasta llegar a Hamlet o El llano en llamas? ¿Qué hace la Luna por nosotros? ¿Por qué dormimos? ¿Estamos solos en el universo? o ¿Genéticamente, qué nos hace ser lo que somos?

Tomando un café como lo haríamos con un colega o amigo, científicos de la talla de Antonio Lazcano, Federico Solórzano, Marcelino Cereijido, Julia Tagüeña, Francisco González Crussí, Luis A. Orozco, Luis F. Rodríguez, Guillermo Contreras Nuño, Daniel Malacara, Ruy Pérez Tamayo, Juan Carlos López Alvarenga, Xavier Gómez Mont, María Elena Medina Mora, Maggie Adererin-Pockoc, Alberto Kornblitth, Luis Herrera Estrella, Toby Miller o Rodrigo Medellín se sientan en nuestra mesa en un ejercicio de preguntas y respuestas que buscan estrechar la distancia entre los que “saben” y los que no, los que “entienden” y los que no, a fin de situarnos todos en calidad de ciudadanos de un universo al que queremos comprender,.

Tal vez no es un exceso posicionar a estos investigadores en el papel que hace casi trescientos años tuvieron los indígenas de Veracruz para que la llama de la curiosidad de Francisco Xavier Clavigero se avivara. Como narra su biógrafo Juan Luis Maneiro SJ, hablando de la infancia de este ilustre personaje, “no existía monte elevado, ni cueva oscura, ni valle ameno, ni fuente, ni riachuelo, ni algún otro lugar que atrajera la curiosidad del niño, a donde dejaran [los indígenas de la zona] de llevarlo para agradarlo. Tampoco existía pájaro o cuadrúpedo o flor o fruta o planta tenida como rara que no le llevaran como regalo cariñoso y cuya naturaleza no explicaran, hasta donde ellos podían hacerlo, a aquel niño curioso”.

Esta columna que hoy se inaugura tiene como fin avivar esta llama a la que se refiere Kaku haciendo eco de un ya muy asentado espacio de divulgación de la ciencia del ITESO, el Café Scientifique. Este proyecto que comenzó en 2004 cuyo lema es precisamente “un espacio de ocio para pensar y platicar la ciencia”, invita mensualmente a reconocidos científicos a conversar con todos aquellos que quieran acercarse a compartir su propia curiosidad con ellos.

Río Santiago, la cuenca que Semarnat se niega a restaurar

 Violeta Meléndez / Reportera especializada en temáticas ambientales

La Ley General de Equilibrio Ecológico indica responsabilidades pero la Semarnat las desoye: ha postergado por años ejercer la facultad que tiene para declarar zona de restauración al río Santiago, mientras la contaminación se exacerba en perjuicio del ecosistema y la salud de las poblaciones cercanas.

Era 18 de abril de 2013 en el Congreso de Jalisco, un diputado local salió de sesionar en la Comisión de Medio Ambiente y, a los periodistas presentes, se apuró a informarles que acababa de proponer el envío de una solicitud a la Semarnat para decretar al río Santiago como zona de recuperación ecológica, por su sistemática degradación ambiental.

El legislador era Héctor Pizano, actual secretario del Trabajo del gobierno estatal, quien explicó que la solicitud se basaba en los problemas de salud de las poblaciones cercanas al cauce, la contaminación industrial del río y, por supuesto, en la macrorrecomendación de 2009 de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ), que urge a 36 dependencias a tomar medidas de remediación, pero que todas han ignorado.

Ese día, el diputado adelantaba que en un mes podrían tener respuesta satisfactoria de la dependencia federal, y con ella habrían conseguido un gran avance que permitiera sanear, ahora sí, al río más contaminado del país.

Su previsión de obtener respuesta en un mes fue acertada, pero no el sentido de la contestación. La Semarnat, a través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), dirigió un oficio al Congreso del Estado el 27 de mayo de 2013 como respuesta a la moción del diputado, que respaldó la Legislatura.

En la misiva, el entonces director de asuntos jurídicos de la Conanp, Raúl Barrientos Abarca, negó de manera institucional la solicitud de los diputados. Sin mencionar palabras que expresen un senti- do negativo, descartó declarar al río Santiago y su zona de influencia como área de restauración ecológica, desairando así a los legisladores jaliscienses.

La justificación del funcionario de la Conanp fue que, según reporta en el oficio, la dependencia trabaja para decretar Área Natural Protegida (ANP), bajo la categoría de Protección de los Recursos Naturales, a la zona conocida como Barranca de los Ríos Santiago y Verde: un trámite que se pasó en el tintero toda la administración del presidente Felipe Calderón (2006-2012) y que a la fecha sigue congelado.

Después de explicar que esta declaratoria de ANP tendría alcances de saneamiento para el Santiago, la Conanp respondió que “es posible implementar acciones y programas de recuperación y restauración de las Barrancas del río Santiago y Verde [sic], así como en su zona de influencia, de conformidad con el eventual programa de manejo del Área Natural Protegida”.

Aunque la Conanp aseguró que el proceso de declaratoria tiene avances, no reportó ninguno. Tampoco indicó qué falta para que el decreto sea realidad. Van a cumplirse tres años de esa respuesta a las autoridades jaliscienses y la barranca del río Santiago sigue sin el documento que avale su protección desde el gobierno federal.

Lo que rechazó la Semarnat, a través de la Conanp, fue asumir su responsabilidad, marcada en la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente para los ecosistemas degradados, a través de una declaratoria de restauración ecológica.

El artículo 78 de esa legislación federal indica: “En aquellas áreas que presenten procesos de degradación o desertificación, la Semarnat deberá formular y ejecutar programas de restauración ecológica, con el propósito de que se lleven a cabo las acciones necesarias para la recuperación y restablecimiento de las condiciones que propicien la evolución y continuidad de los procesos naturales que en ellas se desarrollaban”.

En tanto, el artículo 78 bis aclara: “En aquellos casos en que se estén produciendo procesos acelerados de desertificación o degradación que impliquen la pérdida de recursos de muy difícil regeneración, recuperación o restablecimiento, o afectaciones irreversibles a los ecosistemas o sus elementos, la Secretaría promoverá ante el Ejecutivo federal la expedición de declaratorias para el establecimiento de zonas de restauración ecológica”.

Sobre la urgencia de recuperar el río de la contaminación de descargas industriales con fuertes dosis de químicos tóxicos para el medio ambiente y la salud, se han manifestado desde la ONU hasta la CEDHJ, asociaciones civiles, gobiernos municipales, innumerables dependencias, ciudadanos, académicos y más.

Pero ni la administración del gobernador Aristóteles Sandoval Díaz ha insistido en la declaratoria de restauración. Tampoco el gobierno federal, vía la Comisión Nacional del Agua o la Semarnat, ha tomado medidas para cumplir el discurso oficialista de recuperar los ecosistemas dañados.

La macrorrecomendación de enero de 2009 de la CEDHJ ha sido hasta ahora ignorada en sus puntos más importantes: evitar las descargas industriales al río Santiago y tomar medidas para revertir el daño ya hecho.

Descarga el texto completo aquí

Pensamiento Clavigero

Jaime Morales Hernández
Académico del Centro de Investigación y Formación Social del ITESO

Francisco Xavier Clavigero nace en Veracruz en 1731, fue profesor de diversas instituciones educativas jesuitas en México y muere en el destierro en Bolonia, Italia, en 1787. Han pasado casi trescientos años de su muerte y más de doscientos treinta de la publicación de su obra magna Historia Antigua de México, y con el paso del tiempo su pensamiento ha adquirido una profunda vigencia en la actualidad, especialmente en las labores de educación, investigación y divulgación científica.

El humanismo es en eje fundamental en la trayectoria intelectual de Clavigero, su trabajo está claramente comprometido con la defensa y revalorización de lo indígena y de lo mexicano, ante las afirmaciones “científicas” venidas desde Europa, y que argumentaban desde los inicios de la colonia la inferioridad mental y física de los habitantes de América, justificando con ello la imposición y el dominio europeo. La obra de Clavigero muestra la importancia de una ciencia con una perspectiva ética, dedicada a dar voz a los sin voz, a aliviar el sufrimiento de los más vulnerables, a mejorar la condición humana.

A partir de una amplia formación intelectual y con el dominio de diez idiomas, entre ellos el náhuatl y el mixteco, el pensamiento de Clavigero da cuenta de una gran capacidad para integrar conocimientos sobre diversos temas y articularlos desde una perspectiva compleja que en su conjunto dan cuenta de la cultura mexicana. En estos tiempos donde se imponen la especialización y la fragmentación de las ciencias, la obra de Clavigero nos recuerda la necesidad de enfrentar los actuales desafíos de nuestro mundo, a través de perspectivas científicas orientadas desde la interdisciplina, el diálogo de saberes y la transdisciplina.

Durante su vida académica Clavigero formó parte de una corriente de intelectuales jesuitas que enfrentaron el paradigma escolástico prevaleciente en las instituciones de educación de esa época, e impulsaron la renovación de los estudios, la difusión de las ideas de la Ilustración y la enseñanza de las ciencias, de la filosofía, la física y la historia. Ante las tendencias hacia el dogmatismo prevalecientes en las ciencias, las actividades de docencia e investigación de Clavigero nos ayudan a tener presente que la historia del conocimiento implica la continua ruptura y construcción de paradigmas.

La obra de Clavigero y especialmente la de su Historia Antigua de México, ejemplifican la relevancia que tiene la divulgación del conocimiento científico hacia la gente. En sus primeros cincuenta años este libro se publicó en italiano con catorce ediciones, castellano, inglés, alemán y francés, de acuerdo a las posibilidades de la época tuvo una amplia difusión, y con ello desempeño un papel fundamental en la construcción de la identidad de nuestra nación mexicana. La obra de Clavigero nos insta a fortalecer aquellas ciencias que van aplicadas a resolver los enormes problemas que enfrenta México, y nos recuerda la importancia de la divulgación del conocimiento como un compromiso de las universidades con las sociedades contemporáneas.

Descargar texto completo aquí

Periodismo ambiental un oficio sin artesanos

Periodismo ambiental, un oficio sin artesanos

 Agustín del Castillo / Reportero especialista en temas ambientales

Hace no mucho tiempo dijo un conferenciante que habría sido memorable para la historia del periodismo que se hubiera podido reportear con las metodologías y los instrumentos que hay en la actualidad, una tragedia tan inmensa y tan devastadora como fue la Muerte Negra, esa famosa epidemia de peste bubónica que invadió a Europa, a mediados del siglo XIV, a través de los barcos mercantes que comunicaban con el Oriente, y que permaneció varias centurias asentada en suelo occidental. Entre los siglos XIV y XV causó estragos: se calcula que un tercio de la población europea sucumbió.

El fantasioso hombre tiene razón: hubiera sido envidiable hallar los muchos detalles, esenciales, de lo que se requiere para construir el buen periodismo. Los europeos de esos siglos no tenían más que vagas ideas de cómo se generan las enfermedades; no había explicaciones claras sobre el papel del ambiente, el clima, la higiene, la cultura familiar y las costumbres de las superpobladas villas y ciudades medievales, que resultaron decisivas para la rápida difusión y la alta letalidad de esta epidemia.

Sin duda, hubiera sido apasionante discernir entre el conocimiento mágico y el racional, y hubiera sido extraordinario ver el efecto de la mise-en-scène de los periodistas, con un papel que ha sido vital en las sociedades modernas: investigar, interpretar e informar con el rigor y la distancia ética propia de un notario, al menos según la ley.

También nos permitiría destacar la importancia de una suerte de especialidad que se llama periodismo ambiental. Para mí esto parte de un equívoco más o menos grande, pues todo periodismo de algún modo debe ser ambiental, dado que el ambiente, o sea, la suma de las condiciones físicas, biológicas, fisiológicas y de comportamiento de los seres vivos y sus ecosistemas, ligado a todo ese componente humano primero individual y luego social: lenguaje, cultura, religión, economía y política, son la variadísima fuente de todo lo que consideramos noticioso. El conflicto es en esencia el relato de los desequilibrios entre todos estos componentes. Y el conflicto es la materia del periodismo.

Bajo esa premisa, todo periodista debe beber del ambiente; es de lo que está hecho el contexto, que como decía otro profesor, es la otra mitad de la noticia. A partir de aquí podemos reflexionar sobre un hecho extraordinario: el enorme campo de oportunidad que tiene en la actualidad el periodismo llamado ambiental, gracias a asuntos como el cambio climático, las agendas locales y todas sus asociaciones en asuntos como crisis sanitarias, epidemias en seres humanos y en animales, pérdida de tierra fértil y escasez de alimentos, cambio en el patrón de lluvias, huracanes más extremos. Nunca hubo un mejor momento para darle valor al “periodismo ambiental”, que si hemos de definir de algún modo, es el que profundiza en las grandes explicaciones sobre las fallas y los efectos de nuestro modo de crecer y reproducirnos, de crear riquezas, de adorar a los dioses y de cultivar esos momentos de pereza y holganza que parecen ser el afán de nuestras sociedades democráticas y relativistas: el ocio.

Pero esa impresionante ventana de oportunidades no corresponde con lo que los medios de comunicación, entendidos como empresas, leen. Por ser un periodismo que demanda gran inversión, que obliga a las agendas propias, que lleva tiempo en cernirse y cocerse, que no siempre ofrece espectáculo, es el gran sacrificado de la crisis del modelo de negocios de los mass media.

Guadalajara, una de las plazas más representativas del periodismo mexicano, ofrece evidencias: hace diez años, todos sus medios importantes (El Informador, Mural, Público hoy Milenio, Notisistema, Televisa) tenían reportero asignado en el tema ambiental. Hoy la mayor parte de esos reporteros experimentados se han ido en busca de mejores oportunidades. Sigue el atavismo de que los mejores reporteros deben estar en las fuentes “políticas” (como si no fuera política toda la agenda pública y ciudadana), es decir, gobierno estatal, municipios y Congreso. La otra agenda que sí se ha fortalecido es la de la violencia y la seguridad. Pero también huérfana de contextos, de datos que relativicen, de “ambiente” (los reporteros policíacos descubrirían que la falta de agua en una comunidad puede ser el inicio de una larga historia… hasta esos “ejecutados” o “levantados” que ofrecen como el espectácu- lo del día). El resultado ha sido que con cada desastre, con cada emergencia y cada crisis, no hay de otra que improvisar, con periodismo de declaraciones y basado en “expertos” que a veces decepcionan, y una agenda marcada por el sector gubernamental, de la que solo hay que reproducir, con cierta destreza, los contenidos.

Esto pone en relieve el otro problema: no se generan cuadros nuevos con conocimientos del asunto. La inversión en capacitación es nula, y algo se mantiene por gracia de instituciones internacionales y locales que apuestan a formar una prensa hoy inexistente para reportar sus historias, generar conciencia de los conflictos ambientales y formar opinión ciudadana, la base de toda democracia y de las soluciones a las crisis de desarrollo, sociales por esencia.

Sin embargo, el periodismo, esa herramienta social de las democracias para conocer, para interpretar y para denunciar los intereses privados en colusión con los públicos, o los intereses públicos en colisión con los privados, no tiene muchos guardianes.

Los procesadores de contenidos que hoy dominan los medios no se sienten herederos de esa vieja responsabilidad. Sus empresarios, salvo una minoría, difícilmente la asumen.

Una de las grandes noticias, la del desafío formidable y multiforme de la crisis ambiental las locales y la planetaria, necesita reporteros con tiempo y contextos de toda clase. O solo habrá algunos cronistas para atestiguar el naufragio civilizatorio en muchas regiones. ¿O esa es la apuesta?

Descarga el texto completo aquí

Bosque Pedagógico del Agua

Jaime Eloy Ruiz Barajas
Ambientalista y pedagogo

En este escenario de intensa edificación que impacta a la subcuenca Atemajac-Colomos, debemos contrarrestar esta tendencia depredadora atribuyendo suma importancia a la presencia de dos arroyos: el de La Campana y La Coronilla (Agua Prieta) que se unen aguas abajo a la altura del manantial La Campana. Con estos prodigios naturales, más la vegetación originaria y la que se ha inducido por su filogenia nativa, resulta coadyuvante a una biodiversidad que se ampliara en sus especies apropiadas al ecosistema y en los cinco reinos biosféricos (vegetal, animal, protista, fungi y monera). A partir de la oportunidad que brinda el ecosistema como recurso didáctico extra-aula, al ser un laboratorio viviente y escenario formidable para el aprendizaje significativo, se crea la propuesta en común. El sentido pedagógico se basa en un principio fundamental, que debe normar el trabajo cognitivo y de concienciación de educandos y población en general: educar con y para el agua.

El Colectivo Ciudadano Pro Bosque Pedagógico del Agua

(CCProBPA), organismo no gubernamental, está integrado por personas comprometidas con el mejoramiento de las condiciones del medio ambiente; vecinos y universitarios que conforman una base multidisciplinaria e interdisciplinaria con el propósito de robustecer las acciones necesarias para consolidar, sobre todo, las características biofísicas y ecológicas del ecosistema. De esta forma, los ciudadanos organizados participan con la autoridad municipal en tan importante reto de rescatar ambiental y patrimonialmente, una parte de la sub-cuenca Atemajac-Colomos.

La educación basada en la experiencia directa del entorno ecológico nos permite la asimilación inmediata de la importancia que tienen los ríos en los que corren aguas superficiales y los manantiales que son afloramientos de aguas subterráneas que provienen de flujos hidrológicos y geomorfológicos del acuífero, así también como fuentes naturales de agua para el abastecimiento y consumo humano. Para los habitantes y sobre todo niños y jóvenes de una área metropolitana creciente, y más ahora con el modelo de “Ciudad Compacta” con la tendencia a reconcentrar población, resulta importante que conozcan un manantial vivo y arroyos en plena urbe que lamentablemente han desaparecido y se han convertido en calles, canales o drenajes profundos.

FUENTE: Bosque Pedagógico del Agua, su misión educativa y experiencia social.