Científicas en México por la defensa del territorio

Maya Viesca Lobatón / académica del Centro de Promoción Cultural y coordinadora del Café Scientifique del ITESO

 

Defender el territorio no es proteger un pedazo de tierra, es cuidar que sus dinámicas, sus habitantes y sus recursos tengan un futuro al que todos pertenezcan. Son muy diversas las estrategias y las razones que llevan a tener que hacerlo, pero, con seguridad, el denominador común es conocerlo.

En México muchas mujeres han desarrollado un papel fundamental en esta tarea, entre ellas las científicas, que desde sus diversas especialidades, pasiones e historias han generado conocimiento —y lo siguen haciendo— que brinda argumentos y recursos para darle valor a prácticas que son más deseables que otras. Nombro algunas con el sentido de reconocer a las personas concretas en esta labor y de colocar diferentes frentes desde los que lo abordan.

Una de las grandes figuras de la ciencia en México es Helia Bravo Hollis, primera bióloga mexicana, especialista en cactáceas. Además de crear el herbario y el jardín botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), investigar, nombrar y darles valor a estas especies en México y el mundo, dedicó parte de su trabajo a denunciar el saqueo y tráfico ilegal de cactáceas en nuestro país y a abogar por la conservación del territorio.

Julia Carabias es reconocida por haber sido la primera secretaria de Medio Ambiente del país. Como bióloga ha trabajado principalmente en torno a conservación y manejo de ecosistemas tropicales, desarrollo rural sustentable y gobernanza. Además de su trabajo académico en la unam y de gestión pública, fundó el Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente, A.C., que se dedica a realizar estudios locales y regionales, principalmente en la Selva Lacandona, para desarrollar proyectos de aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales por las comunidades locales, entre ellas el turismo alternativo. Su defensa de este territorio, uno de los últimos reductos de selva alta húmeda perennifolia de México, le ha valido diversos reconocimientos, pero también amenazas.

Bettina Cruz es maestra en Desarrollo Rural Regional y doctora en Planificación Territorial. Como indígena binnizá se inició en la defensa de los derechos humanos a los 13 años, en su natal Juchitán, Oaxaca. Desde hace 18 años lucha para que el airoso Istmo de Tehuantepec no se vuelva un reducto de explotación de la energía eólica de grandes transnacionales sin beneficios para las comunidades y sin una visión integral de sustentabilidad. Sus hijas se han sumado a su labor, una como licenciada en Ciencias Ambientales y maestra en Desarrollo Rural, y la otra como antropóloga.

Silvia Ramírez–Luna es bióloga marina y desde hace tiempo trabaja con la organización nos, Noreste Sustentable, en la región de La Paz, Baja California. Ha investigado y colaborado con las comunidades para sacar del grado de extinción local al callo de hacha, una de las principales fuentes de ingreso de los pobladores de la zona, así como el estudio del tunicado, una especie invasora y actualmente su principal amenaza. Su participación ha sido fundamental para el trabajo de las Guardianas del Estero El Conchalito, un grupo de mujeres organizado para erradicar la pesca ilegal de estas especies y mejorar el ecosistema.

>>Conoce más en:
• Helia Bravo:
https://bit.ly/483Ql1Y
• Julia Carabias:
https://bit.ly/480ubxo
• Bettina Cruz:
https://bit.ly/3uJMWXD
• Guardianas del Conchalito:
https://bit.ly/4amMLC7