Suplemento Clavigero Núm. 13

Editorial. Alternativas al mercado y al consumo como nuevas formas de vida.

El binomio sociedad de mercado / sociedad de consumo es producto de los sistemas y modelos económicos dominantes en el mundo actual y cuyas consecuencias desastrosas han puesto en serio riesgo la vida de la humanidad y del planeta, así como exacerbado cada vez más las graves diferencias sociales: desde procesos extremos de hiperconsumo hasta niveles inhumanos de subconsumo. En suma, asistimos a una hipermercantilización de la vida acompañada de una grave crisis ambiental.

En ese contexto, frente a estas formas degradantes de la vida, surgen continuamente opciones que promueven el rescate de los valores que sustentan y favorecen su florecimiento. Se trata de pequeñas experiencias —colectivas, locales y regionales, múltiples y diversas— todavía basadas en relaciones más justas y armónicas entre los productores y los consumidores de bienes y servicios, así como con la naturaleza, mediadas por mecanismos alternativos de mercado.

De ahí nuestro interés por recuperar algunas prácticas alternativas en este nuevo número del Clavigero. Hemos recogido algunos ejemplos de esta enorme diversidad e invitado a una pluralidad de actores para dar cuenta de aquellas, todos involucrados en su estudio, promoción y consolidación desde la academia y otros espacios sociales de cooperación.

Esperamos que este pequeño collage nos contagie la esperanza —cierta, posible, activa— de construir un mundo más solidario, justo, sustentable y equitativo para todas y todos.

 

Coordinadores del número

Ana Paola Aldrete González

Luis Macías Larios

José Guillermo Díaz Muñoz

 

Otros mercados son posibles: algunas de las alternativas al mercado más significativas a escala global

Frente al totalitarismo de los mercados del capital y la sociedad de mercado / consumo, la emergencia de propuestas alternativas alrededor del mundo ha sido profusa. Si bien se manifiestan en los diversos procesos económicos, queremos destacar aquí las referidas al intercambio de bienes más significativas.

Por sus dimensiones y visibilidad, el comercio justo tal vez sea el ejemplo más conocido a nivel mundial y se agrupa en la Organización Mundial del Comercio Justo. Es una asociación global de 324 organizaciones en más de 70 países y con apoyo a más de cuatro mil organizaciones de base, que representan a más de dos millones y medio de pequeños productores y trabajadores. Cuenta con más de 35 mil productos, pero el café constituye 80% del volumen y de países.

Por su parte, los mercados sociales están creciendo principalmente en España como un espacio más articulado entre productores y consumidores, agrupados en la Asociación de Redes de Mercado Social. Buscan dos objetivos: construir un espacio de consumidoras, proveedores y distribuidoras, donde la ciudadanía pueda ejercer su consumo con compromiso social, y oponer un frente alternativo a los grandes almacenes y supermercados capitalistas y su lógica depredadora y consumista.

En contrapartida a la alternativa anterior surgen los supermercados cooperativos. La más destacada es la experiencia de Park Slope Food Coop, en Brooklyn, Nueva York, con más de 16 mil personas socias y que ha inspirado la emergencia de otros supermercados cooperativos como el supermercado La Louve de París, así como la asociación Landare en Iruñea, Bio Alai en Votoria, Labore en Bilbao, Encinar en Granada, Árbore en Vigo, Som Alimentació en Valencia o Biometrol en Alicante, estas últimas en España.

Los mercados solidarios —cercanos a los “sistemas locales de intercambio” y los “mercados comunitarios”— buscan la vinculación no capitalista de productores y consumidores para la reproducción de la vida y la construcción de un proyecto emancipador. Con experiencias en todo el mundo, los mercados solidarios conectan a productores y consumidores “cara a cara”, sin intermediarios de ningún tipo, favoreciendo la transformación subjetiva individual y social, a través de una relación de compromiso mutuo duradero y estable, y no solo casual o eventual.

Por último, como otra alternativa a los mercados del capital, posiblemente los circuitos económicos solidarios, promovidos en Brasil y América Latina, sean la versión más integradora, radicalmente organizada y compleja de las descritas antes, y pretenden la integración de procesos de consumo, comercialización, producción, financiamiento, desarrollo tecnológico y humano, de manera territorial en diversas escalas, para promover el desarrollo económicamente viable, ecológicamente sostenible y socialmente justo para el Buen Vivir de todos. Ello exige la constitución de redes colaborativas entre actores solidarios y una reorganización de los flujos económicos que atraviesan un territorio o una red.

Sin ser perfectas —y por tanto sujetas a contradicciones como toda realidad social—, esta breve lista de altermercados opera mediante diversas mediaciones de intercambio: desde el uso de las monedas oficiales y convencionales hasta el trueque, pasando por las monedas sociales o comunitarias, las criptomonedas o por algún tipo de las combinaciones múltiples que se pueden dar entre ellas. Cada experiencia, al cabo, lleva su propio sello.

José Guillermo Díaz Muñoz / Socioacadémico del ITESO, interesado en economías alternativas y movimientos sociales.

Redes de colaboración y comercio alternativo

En marzo de 2014 la Alianza Ciudadana para el Desarrollo Regional Alternativa en el sur de Jalisco (ACDRA SURJA) y el ITESO convocaron a diversas organizaciones sociales de alcance regional e instituciones académicas a iniciar un diálogo de saberes para fortalecerse a través de la reflexión compartida sobre sus contextos, sus avances, dificultades y aprendizajes, así como procurar el apoyo mutuo mediante distintas acciones colectivas. Se trata de la Red Temática de Economía Solidaria y Alternativas Alimentarias (RTESAA), con presencia en ocho estados del país.1

Una de las primeras constataciones en esta Red fue que se habían construido a lo largo del tiempo, entre otras, diversas expresiones de economía solidaria y de sus procesos de comercialización. Esa variedad de formas resultaba de las distintas circunstancias tanto internas como del entorno inmediato de cada una de sus organizaciones. Algunas son comunidades indígenas, otras rurales y algunas más están insertas en conglomerados urbanos. Es así que unas han requerido asegurar la propiedad de sus tierras y su capacidad de producción frente a las amenazas constantes de ser despojadas de ellas. Algunas han transitado décadas por procesos organizativos múltiples, lo que les permite mayor estabilidad, mientras que otras viven al día en sus primeras etapas de construcción.

En ese contexto, para salir adelante algunas se ven obligadas a participar en canales comerciales convencionales locales, nacionales e internacionales, y en esos espacios luchar por: condiciones de mayor justicia en sus precios; una distribución de mayor equidad del trabajo y sus beneficios; la valoración social y participativa de las características saludables de sus productos; bajar o eliminar márgenes de intermediación; disminuir las distancias para la entrega final de sus productos; y conformar asociaciones propositivas de consumidores. En otros sentidos, algunas de las organizaciones exploran modalidades de relación directa entre productores y consumidores en torno a mercaditos locales, integración de canastas con productos agroecológicos para el consumo solidario, compras e inversiones en común, trueques y monedas sociales, entre otras figuras.

La constatación de esta diversidad de expresiones ha hecho valorar en la RTESAA que lo importante no se encuentra en partir rígidamente de ciertas definiciones prestablecidas sobre comercio alternativo o economía solidaria, sino que en estos procesos de construcción colectiva y mediante un diálogo abierto y crítico entre pares, van apareciendo formas distintas, unas tradicionales y otras nuevas, que cuidan y promueven que la vida sea buena para todos, es decir, para las personas, las comunidades y la naturaleza.

Algunos de los aprendizajes recuperados en estos procesos apuntan a que esta vida buena no se rige por la simple relación oferta–demanda, ni por una interacción vertical en la que los productores se convierten únicamente en proveedores y se apuesta por la pasividad de los consumidores. Más bien, en estas experiencias alternativas se impulsan relaciones horizontales que implican decidir en colectivo y en grados de complejización creciente cómo será la organización entre productores y consumidores, así como compartir la búsqueda por encontrar un mejor aprovechamiento de las capacidades y recursos disponibles entre ellos y en sus propias comunidades.

Otro aprendizaje relevante se encuentra en la importancia de generar, diversificar y fortalecer distintos espacios de encuentro. Ya sean estos virtuales o presenciales, permiten conocer y compartir experiencias, hallazgos y saberes. La identificación y el reconocimiento mutuos van impulsando, desde y en cada una de las organizaciones, formas de convivencia y construcción comunitaria y sustentable. También, propician que entre ellas se renueven los motivos para perseverar en sus afanes. En estos encuentros se destaca que no es solo la lucha por la construcción de la propia organización sino de reconocer que juntas muestran una nueva identidad colectiva, nuevos modos de vivir y construir un futuro querido y compartido que hace frente a la pretensión de los grandes corporativos y sus gobiernos aliados de invisibilizarlas e imponer, como único su modo de vida, el centrado en la acumulación privada de riquezas, la fragmentación de los lazos comunitarios y la depredación del medio ambiente.

Con lo anterior, se destaca que los esfuerzos de redes como la RTESAA pueden promover la identificación, la valoración y el impulso en los planos local, regional e internacional de relaciones económicas basadas en el encuentro personal y afectivo, en el cuidado mutuo, en el trabajo colectivo y autogestionario, en la confianza, la equidad y el cuidado de la naturaleza.

NOTAS AL PIE

  1. http://rtesaa.redtematica.mx/

 

Carlos Ortiz Tirado Kelly / Académico del ITESO

Una mirada a las distintas expresiones del comercio alternativo

La economía política solidaria es la construcción de un proyecto alternativo de sociedad en la búsqueda de la superación del modelo de producción capitalista y sus relaciones injustas en términos no solo económicos, sino también políticos e ideológicos. Se trata de la acción colectiva de personas que conscientemente participan desde una racionalidad liberadora y solidaria orientada al bienestar de todos los seres vivos, incluyendo a la Madre Tierra.1

Partiendo de estos principios, infinidad de grupos en todo el país llevan a la práctica, entre otros elementos de la economía política solidaria, el comercio solidario en el que se establece una corresponsabilidad entre productores y consumidores, en el cual el productor se responsabiliza en producir artículos o servicios de necesidad social, con calidad, cuidando el medio ambiente y la salud del consumidor pidiendo un precio justo; a su vez, el y la consumidora consciente y solidaria se comprometen a adquirir este producto o servicio, eliminando la cadena de intermediación.

Algunos ejemplos de comercio solidario:

  • Ferias del maíz: en las que se busca volver a darle la importancia a la producción y consumo del maíz criollo producido con la sabiduría acumulada por más de 9 mil años de los campesindios —como los llamara Armando Bartra—, con fertilizantes naturales en milpas o campos de policultivo, donde el uso del plástico y el unicel están prohibidos. Recordemos que “sin maíz no hay país”.2
  • Feria Internacional de Economía Solidaria de Productores y Consumidores. Por una Vida Digna y Sustentable, que este año cumplió su vigésimo aniversario. Impulsada por la Red Mexicana de Comercio Comunitario (REMECC) que acumuló 25 años de existencia, pertenecientes a la Red Internacional de Promoción de Economía Social y Solidaria (RIPES).
  • Red Socioacadémica de Economía Solidaria y Alternativas Alimentarias (RESAA), en la que organizaciones del campo y de la ciudad junto a universidades e investigadores universitarios comprometidos trabajan, en diálogo de saberes, junto a la defensa del territorio y de los bienes comunes, alternativas creativas por el Buen Vivir.3
  • Existe una red en construcción de Economía Solidaria y que aún no cuenta con nombre. Una de sus promotoras más activas es Celina Valadez.
  • Más recientemente los mercados digitales, en los que una cooperativa se encarga de recolectar los productos y cada semana envían al celular de los consumidores la lista de esos productos y su precio, ahí los consumidores los seleccionan y pasan por su canasta y realizan su pago.

NOTAS AL PIE

  1. Santiago, Jorge. Economía política solidaria. Construyendo alternativas. Ciudad de México: Eón, 2017, pp. 30, 32, 44 y 45; Valadez, Celina y Euclides Mance. El arte del Buen Vivir. Circuitos económicos solidarios. Ciudad de México: Universidad Iberoamericana, 2016, pp. 21–55, y Marañón, Boris. Definición de economía solidaria. Ciudad de México: iie–unam, mimeo, s/f.
  2. También están presentes las ferias del maguey “el árbol sagrado”, miel, café, chocolate, mezcal y nopal.
  3. Michel, Jesús Rafael. Buen Vivir y organizaciones regionales mexicanas. Miradas desde la diversidad. Tlaquepaque: retesaa/iteso/Conacyt, 2017. Disponible en: http://base.socioeco.org/docs/buenviviryorganizacionessocialesmexicanas2017.pdf

Mario Bladimir Monroy Gómez / Especialista en Comercio Justo y Economía Solidaria y director del Instituto Intercultural Ñöñho, AC, primera universidad en ofrecer en el país una Licenciatura en Economía Solidaria.

Que los jóvenes apuesten desde la universidad por el cuidado de la casa común

En 2015 el papa Francisco publicó su carta encíclica Laudato si’, un texto guía de su pontificado que propone un modelo de ecología integral sobre el cuidado de la casa común: la Tierra. El pontífice advierte los peligros de la cultura del descarte y nos invita a dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá. Esto demanda una respuesta permanente desde las universidades, principalmente aquellas confiadas a la Compañía de Jesús.

En México, en el Sistema Universitario Jesuita existen diversas iniciativas que pretenden incidir en la formación de agentes de cambio hacia una nueva economía, apostando por un comercio alternativo, cada vez más ético y solidario.

La Escuela de Negocios del ITESO1 organiza las Jornadas de Comercio Alternativo y Negocios Sustentables, donde cada año participan más de 40 empresas sociales para ofrecer sus productos directamente a la comunidad universitaria. También propone asignaturas específicas como Mercadotecnia Alternativa, en la que los estudiantes conocen modelos alternativos de producción, comercialización y consumo; además brinda acompañamiento profesional y multidisciplinario a empresas cooperativas a través del Programa del Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) de Economía Social.

Por su parte, la Universidad Iberoamericana (Ibero) Puebla2 fomenta el desarrollo de iniciativas empresariales bajo esquemas de economía social, entre ellas destaca la de “Yo compro poblano”,3 un programa de emprendimiento del ayuntamiento de Puebla que reúne en la actualidad a más de 150 empresas sociales. También es pionera en ofrecer posgrados como la Maestría en Gestión de Empresas de Economía Social.

En Guanajuato, la Ibero León trabaja con el Instituto Nacional de Economía Social en la cocreación de un Laboratorio de Bienestar y Economía Social orientado a desarrollar iniciativas productivas con impacto local de forma sostenible.

Mientras tanto, la Ibero Ciudad de México colabora desde hace ocho años con la comunidad de Bachajón en la incubación y aceleración de Capeltic,4 una empresa de economía social formada por familias indígenas tseltales de Chiapas; además de lanzar en noviembre pasado el primer diplomado en línea sobre Economía Social Solidaria en América Latina y el Caribe, cuya primera generación reunió a más de 70 estudiantes de diferentes países que buscan desarrollar empresas con ese enfoque.

En Oaxaca, el Instituto Superior Intercultural Ayuuk5 fomenta proyectos productivos sociales para la conservación, aprovechamiento, trasformación y comercialización de los recursos naturales de la región, desde una perspectiva indígena, intercultural y de la sustentabilidad.

Las universidades adquieren un papel relevante en el desarrollo del comercio alternativo cuando se preocupan por la formación de sujetos capaces de proponer ideas de negocio y acciones empresariales con perspectiva del cuidado de la casa común; consumidores conscientes sobre el impacto que generan sus hábitos de compra y consumo.

NOTAS AL PIE

  1. https://escueladenegocios.iteso.mx/
  2. https://www.iberopuebla.mx/site-laines/
  3. https://yocompropoblano.com.mx
  4. https://www.capeltic.org/
  5. http://isia.edu.mx/

Luis Manuel Macías Larios / Profesor de la Escuela de Negocios del ITESO, especialista en temas de mercadotecnia alternativa y economía social.

Ana Paola Aldrete González / Profesora de la escuela de Negocios del ITESO, especialista en temas de mercadotecnia alternativa y economía social.

Cuando la economía se solidariza, la solidaridad se economiza

Antes de comenzar a explicar el título de este texto abro la pregunta: ¿es la economía una ciencia? ¿Qué es lo que nos podría llevar a afirmarlo o a negarlo? Claro, de entrada, qué estamos pensando que es la ciencia. Para atajar habría que decir que no hay una sola definición, y que muchos de nuestros imaginarios sobre lo que es la ciencia parten de tradiciones vinculadas a las ciencias llamadas exactas: matemáticas, física, química.

No obstante, a fin de reflexionar sobre la pregunta de inicio coloco una definición del científico mexicano Ruy Pérez Tamayo: la ciencia es “una actividad humana creativa cuyo objetivo es la comprensión de la naturaleza y cuyo producto es el conocimiento, obtenido por medio de un método científico organizado en forma deductiva y que aspira a alcanzar el mayor consenso”.1 Lo que plantea nuevamente un problema: qué es el método científico. Pérez Tamayo lo responde como una serie de principios más que de procedimientos: “No decir mentiras (el error no es lo mismo que la mentira); no ocultar verdades, cuando se oculta parte de la información que ha permitido alcanzar un resultado […] se está impidiendo que la ciencia ejerza sus funciones críticas sobre nuevas proposiciones; no apartarse de la realidad; cultivar la consistencia interna; no rebasar el conocimiento ni extrapolar la información a lo desconocido, y por último, considerar que los hechos también se equivocan”.2

Por otro lado, en una carta de 1938 el llamado padre de la economía moderna, J. M. Keynes, le comentaba a otro economista, Roy Harrod, que “la economía es la ciencia de pensar en términos de modelos, y al mismo tiempo el arte de elegir cuáles son los modelos relevantes para el mundo contemporáneo. Y esto es así porque, a diferencia de las ciencias naturales típicas, los temas en los que se aplica no son, en muchos aspectos, homogéneos a lo largo del tiempo”.3

Al poner a dialogar ambas reflexiones podríamos pensar que una observación científica de la economía implicaría considerar la forma en que los modelos son relevantes para el momento, sin mentir, buscando consistencia y el mayor consenso posible, a fin de comprender y conocer. Y tal vez considerar la anotación que hace Keynes en la misma carta, que la economía implica introspección y juicios de valor.

Y es en esta introspección cuando rescato la frase del título: “cuando la economía se solidariza, la solidaridad se economiza”, enunciada por José Guillermo Díaz Muñoz, doctor en Estudios Científico–Sociales, durante su charla del Café Scientifique de 2013, titulada “Las economías solidarias en América Latina: nuevos paradigmas en la ciencia económica”.4

Para Guillermo el modelo económico capitalista ha colapsado, y los modelos emergentes apuntan a considerar otros valores, como el de la reciprocidad: “El proceso de dar, la obligación de recibir, y la obligación de devolver”, lo que para él constituye la base de una economía que pueda llamarse solidaria.

“Es un proceso recursivo. La economía se solidariza porque el oikos, la casa Aristotélica, la casa del mundo, se abre para todos, se vuelve incluyente, y al hacerlo la economía se vuelve política y democrática. Y al mismo tiempo, la solidaridad se economiza significa que no es solo un acto voluntario o de caridad de devolver, sino que se convierte en una obligación, y por lo tanto se regresa a la casa común”.5

Nuevos modelos para nuevas realidades.

Escucha completa la charla del Dr. Díaz:

https://cultura.iteso.mx/web/general/detalle?group_id=191678

 

NOTAS AL PIE

  1. Pérez Tamayo, R. Ciencia, ética y sociedad. Ciudad de México: El Colegio Nacional, 1991, p.29.
  2. Ibidem, pp. 49–51.
  3. Besomi, Daniele (ed.) The collected interwar papers and correspondence of Roy Harrod (edición digital). Cheltenham Glos: Edward Elgar, 2003. Disponible en: http://economia.unipv.it/harrod/edition/editionstuff/rfh.346.htm; consultado el 18 de agosto de 2019.
  4. Disponible en: https://cultura.iteso.mx/web/general/detalle?group_id=191678
  5. Idem.

Maya Viesca Lobatón / Académica del Centro de Promoción Cultural y coordinadora del Café Scientifique del ITESO.

Comunidad de aprendizaje COMPARTE

COLUMNA LA PISCA

Productores de café, cacao, lácteos, miel, hortalizas, granos, jabones, artesanías, calzado, microfinanzas, así como muchas otras iniciativas económico–productivas provenientes de muy distintas realidades a lo largo y ancho de América Latina, convergen en la Red COMPARTE, una comunidad de aprendizaje con 11 años de trayectoria.

Presente en 11 países de Iberoamérica y vinculada al sector social de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL), la Red se conforma por 17 centros sociales de la Compañía de Jesús, organizaciones económico–productivas de base enmarcadas en la economía social y solidaria, universidades de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL) y la Red de centros universitarios vinculados a la Compañía de Jesús en España (UNIJES), entre otros actores sociales. Funciona en torno a un equipo dinamizador, compuesto por representantes de los centros sociales que la integran. Cuenta con una secretaría ejecutiva a cargo de Álvaro Idarraga, de la Universidad de Antioquia (Colombia); una secretaría técnica a cargo de Amaia Unzueta, de Alboan, una organización no gubernamental (ONG) de cooperación internacional de los jesuitas en Euskadi y Navarra (España), y la coordinación a cargo de Oscar Rodríguez, sj, de Yomol A’tel, una empresa tseltal (México).

Su enfoque de trabajo busca que las experiencias económico–productivas sean sostenibles y escalables, es decir, que pasen de iniciativas locales y de escala micro a experiencias regionales de ciclo económico completo, con perspectivas macro cada vez más amplias. Para conseguirlo, con base en el diálogo respetuoso, la evaluación de las experiencias en sus propios contextos y el rescate de buenas prácticas, comparte ha desarrollado una propuesta metodológica que, partiendo de una lectura estratégica del territorio, ayude a fortalecer las capacidades de las organizaciones y sus integrantes, para apropiarse de la cadena de valor y tejer redes desde un modelo multiactor.

Esta propuesta, sumada al constante intercambio entre todas las organizaciones, ayuda a la construcción de horizontes comunes con la finalidad de vislumbrar caminos y aprendizajes compartidos que permitan llegar al buen vivir, en palabras de los pueblos tseltales, el lequil kuxlejalil.

Conoce más:

http://desarrollo-alternativo.org/

 

Gregorio Leal Martínez / Especialista en temas de economía social y solidaria.