

Martín Torres Sauchett, s.j. / Académico del iteso
Velocidad vertiginosa
En 2024 el gobierno de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, lanzó la campaña “La velocidad mata. Respeta los límites” con la finalidad de fomentar la autorregulación en los conductores que exceden los límites de velocidad y reducir los índices de personas fallecidas y lesionadas en accidentes automovilísticos. En nuestras ciudades continúan los esfuerzos por garantizar la seguridad de las personas con movilidad reducida, peatones, ciclistas y motociclistas mediante el establecimiento de límites máximos de velocidad en las principales avenidas, el uso de radares y la aplicación de las sanciones correspondientes.
En julio de 2026 llamó mi atención una nota en Facebook del perfil de tv Azteca Jalisco que decía: “¡Vehículo rompe récord de velocidad en Guadalajara. El automóvil fue detectado circulando a 231 kilómetros por hora en Periférico!”. Si las exhortaciones, los reglamentos y las penalizaciones no han sido suficientes para disminuir la tragedia provocada por el vértigo, podríamos preguntarnos qué factor no hemos integrado para erradicar los comportamientos que atentan contra la integridad física de la ciudadanía y a qué nos sentimos invitados como conductores responsables.
Este llamado a la reflexión nos recuerda que el modelo educativo jesuita, inspirado en el Paradigma Pedagógico Ignaciano, nos define como personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas con la transformación de la sociedad y la construcción de un mundo más justo, más humano.