Valeria Armendáriz Morales / egresada de la licenciatura en Diseño Urbano y Arquitectura del Paisaje del iteso

Pensar la seguridad vial desde los entornos escolares

Foto: Roberto Ornelas

Abordar la seguridad vial en entornos escolares implica mucho más que crear señalamientos, construir cruces más seguros o implementar reductores de velocidad. Significa reconocer el derecho de las y los estudiantes a tener una movilidad segura y un desplazamiento cómodo y autónomo de sus hogares a las escuelas. En ciudades donde el automóvil ha sido el punto de partida para la planeación urbana esto es un reto, pues ha generado entornos escolares riesgosos para las personas peatonas y ciclistas. Es indispensable atender estas necesidades, especialmente al considerar que la Organización Mundial de la Salud registró que los siniestros viales y las heridas resultantes son la principal causa de mortalidad en niños y jóvenes de entre cinco y 29 años, según su informe Traumatismos causados por el tránsito publicado en 2026.

Las entradas y salidas de las escuelas pueden ocasionar concentración de vehículos motorizados, más aún en zonas con alta dependencia del uso de autos. Las banquetas angostas, los espacios peatonales inadecuados y la falta de infraestructura para regular la velocidad de los automóviles aumenta el riesgo para otras personas usuarias de la vía.

La seguridad vial debe abordarse desde la planeación urbana y los proyectos de movilidad escolar. Esto implica pensar en el entorno escolar como espacio prioritario para el cuidado de la vida. Ampliar banquetas, habilitar cruces peatonales al nivel de la calle, mejorar el alumbrado de estos espacios y colocar reductores de velocidad y señalamientos claros y visibles son estrategias pertinentes; sin embargo, es necesario desarrollar sistemas de movilidad integrales y coordinados que, además de garantizar traslados seguros y eficientes, favorezcan el acceso y el disfrute de espacios públicos, como parques y plazas, y aseguren una conexión efectiva con los sistemas de transporte público y masivo. Asimismo, estos sistemas deben incorporar una perspectiva de género y criterios de accesibilidad universal que permitan el desplazamiento seguro y eficiente de todas las personas. En el caso de los entornos escolares, su diseño también debe considerar la presencia de vendedores ambulantes, particularmente durante los horarios de salida de las y los estudiantes.

Sumado a lo anterior, es indispensable reducir el número de vehículos privados que transitan por la zona mediante alternativas de movilidad sustentable, ya que su alta concentración no solo incrementa el tráfico, sino que también dificulta la construcción de ciudades más sustentables e incluyentes. La instrumentación de sistemas de movilidad escolar contribuye a este objetivo, pues cuando las calles se diseñan teniendo en cuenta las necesidades de las personas peatonas, los entornos escolares se vuelven más seguros y habitables.

Desde esta perspectiva, y con el propósito de traducir estos principios en acciones concretas, en el marco de “Entorno iteso” y como parte del Proyecto de Aplicación Profesional (pap) de Movilidad Urbana Sustentable, durante el periodo de Primavera 2026 propuse, desde mi labor como diseñadora urbana, cuatro ejes estratégicos:

1. Movilidad y conectividad: mejorar la conexión entre colonias y facilitar los desplazamientos cotidianos mediante infraestructura más segura, accesible y multimodal. Priorizar la movilidad al peatón, la movilidad ciclista y el transporte público, reduciendo la dependencia del automóvil y fortaleciendo la conectividad del entorno iteso.

2. Seguridad vial: reducir riesgos para peatones y ciclistas en los puntos con mayor incidencia de siniestros a través de intervenciones de urbanismo táctico, cruces seguros y gestión de velocidades que generen calles más seguras, accesibles y cómodas para todas las personas.

3. Entorno: recuperar y crear espacios públicos de calidad mediante la integración de infraestructura verde y soluciones ambientales que contribuyan a mejorar la habitabilidad de la zona, ampliar las áreas verdes, fortalecer la convivencia comunitaria y reducir los riesgos asociados con inundaciones y otras condiciones de vulnerabilidad ambiental.

4. Comunicación: fortalecer la colaboración entre instituciones, habitantes y comunidad universitaria mediante la creación de espacios de diálogo y diseño colaborativo que permitan construir soluciones integrales y participativas, atender las necesidades reales del entorno y fomentar la apropiación del espacio público.

La participación ciudadana es necesaria, pues quienes habitan el espacio, sin importar su rol dentro de este, merecen la oportunidad de contribuir al diseño de su entorno. Además, cuentan con un conocimiento empírico que les permite tener una perspectiva única sobre los conflictos que se viven de manera cotidiana en la vialidad. Integrar este conocimiento es fundamental para diagnosticar y crear proyectos adecuados que realmente respondan a las necesidades del entorno.

Pensar en la seguridad vial desde los entornos escolares también representa una oportunidad para replantear la forma en la que se construyen las ciudades, pues diseñar con las y los estudiantes y las infancias en mente no solo mejora el entorno inmediato de los planteles educativos, sino que también genera espacios más seguros, cómodos y transitables para todas las personas usuarias de la vía.

Foto: Roberto Ornelas

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Manual metodológico de entornos escolares seguros: https://drive.google.com/file/d/1v9VDGQO2tj-xa5RclA8pJ6I07oU7QOSh/view