Yeriel Salcedo Torres / académico del iteso
Editorial
En las calles de la ciudad, caminar, pedalear, tomar el transporte o conducir puede costar la vida. Los siniestros viales se han vuelto un problema político y social y ya son la principal causa de muerte entre niñas, niños y jóvenes. Esto ocurre cuando las calles se diseñan pensando únicamente en los automóviles, y quienes pagan el costo son las personas más vulnerables: infancias, mujeres, personas mayores y personas con discapacidad.
Poner la vida en el centro exige bajar la velocidad, decidir con evidencia, hacer valer derechos y devolverle la escala humana al espacio público. La seguridad vial no es cuestión de accidentes fortuitos ni de imprudencias individuales, sino una responsabilidad compartida que se juega en el diseño de las calles, en el cumplimiento de la ley y en la cultura con que habitamos las vialidades. En este número colectivos ciudadanos, academia y autoridad dialogan sobre entornos escolares, perspectiva de género, política pública, envejecimiento e inclusión de las personas con discapacidad.
Moverse con seguridad no debería ser un privilegio. Es el punto de partida de la ciudad que queremos habitar.
Foto: Roberto Ornelas