Catalina Morfín López / Académica del iteso

Interculturalidad, legado jesuita para la universidad del futuro

Desde sus inicios la Compañía de Jesús reunió a personas de diversas regiones, clases sociales y generaciones, lo que configuró un modo de proceder abierto a la pluralidad. Este valor se manifestó tanto en la admisión de miembros como en la fundación de colegios sin distinciones sociales y con enseñanza gratuita. A lo largo de la historia los jesuitas comprendieron progresivamente que la diversidad no solo debía respetarse, sino asumirse como fuente de enriquecimiento mutuo.

Hoy, este legado resulta especialmente pertinente ante la complejidad social y las violencias derivadas de la desigualdad, la falta de oportunidades y el deterioro institucional. En este contexto la universidad tiene la tarea insustituible de formar ciudadanos capaces de dialogar con la diversidad y construir consensos.

La interculturalidad también se expresa en la investigación, en la que el diálogo interdisciplinar permite comprender la complejidad de los fenómenos sociales. Inspirado en Ignacio de Loyola, quien impulsaba diagnósticos amplios, atención a las disposiciones de los sujetos y un método precursor de la etnografía, este enfoque busca el “mayor bien” desde una perspectiva universal.

La tradición jesuita se proyecta hoy en redes internacionales que fortalecen la colaboración intercultural e interdisciplinar para responder a desafíos globales. Trabajar en red implica apertura, escucha, discernimiento conjunto y gestión horizontal del poder. Recuperar estas raíces ofrece a la universidad herramientas para articular conocimiento, ética y compromiso social en favor de la sustentabilidad humana.