Jesús Arturo Navarro / académico del Departamento de Formación Humana del iteso y colaborador en el Centro de Estudios de Religión y Sociedad de la Universidad de Guadalajara
Alfabetización religiosa en clave intercultural
La interculturalidad está presente desde que dos grupos humanos se encuentran y comparten horizontes de comprensión distintos. En Latinoamérica se vuelve una categoría académica a finales de los ochenta para señalar la descentralización del pensamiento europeo y crear un diálogo horizontal. Se trata de un concepto ético− político para establecer los mínimos para la convivencia de distintos grupos en un mismo espacio. Es un esfuerzo por reconocer el valor y el aporte de cosmovisiones, saberes y prácticas culturales, estableciendo un horizonte dialógico y horizontal para vivir juntos en el respeto y la valoración de las diferencias. En estas diferencias aparecen las religiones.
La diversidad religiosa a menudo se simplifica a la coexistencia de distintas tradiciones. Sin embargo, existe una pluralidad interna donde las personas interpretan sus creencias de formas únicas, dando origen a sistemas con peculiaridades propias que a veces se invisibilizan. Esto es una simplificación porque en el interior de cada tradición religiosa o espiritual las personas tienen distintas interpretaciones de sus creencias, dando origen a la existencia de sistemas religiosos que, si bien tienen elementos en común con la religión compartida, presentan características que marcan diferencias. Acostumbrados a ver hacia fuera, se invisibiliza la diversidad religiosa hacia dentro. En ambos casos, se crean estereotipos que acaban siendo reductos de seguridad de quienes comparten la misma cosmovisión, pero impiden ver el valor de lo diferente y sus aportes.
No existe una receta única para superar esta invisibilización, pero es posible iniciar un proceso de alfabetización religiosa. Esto requiere abrir la mirada hacia el diálogo interreligioso, reconociendo que el conocimiento de las creencias va más allá de los rituales institucionales para observarlas en la vida diaria. Implica sacar la conversación de los templos, identificar símbolos en la esfera pública y conversar sobre tradiciones sin afán proselitista.
Se trata de priorizar el “diálogo de la vida”, en el que las cuestiones cotidianas —como las comidas vinculadas a lo sagrado— sirven de pretexto para entendernos. Mientras la multiculturalidad solo constata la coexistencia de grupos, la interculturalidad es una posición activa que gestiona esa diversidad para lograr un todo armónico e igualitario. Alfabetizarse religiosamente es, en definitiva, una herramienta práctica para comprendernos desde las creencias, fortalecer la cohesión social, prevenir conflictos y construir una cultura de paz en un mundo multicultural.
CONOCE MÁS EN:
Navarro, A. (2012). Contra lo que muchos dicen, de religión se puede hablar. Consideraciones sobre el diálogo interreligioso. En Acosta−García, R. (coord.) El diálogo como objeto de estudio.iteso https://bit.ly/4coouyW