LaVanda / colectiva feminista del iteso
Entre likes y cuerpos
¿Qué onda con la participación inclusiva en las universidades?
El año pasado éramos diez en los círculos
de sentires; este semestre, solo cinco se-
guimos asistiendo. A veces da miedo que el
eco de la falta de gente interesada sea más
fuerte que las voces de quienes sí estamos
presentes.
Colíder de la colectiva feminista LaVanda
¿Recuerdas cuando nos organizábamos para una marcha, cuando los pasillos se llenaban de carteles y de voces que no tenían miedo? Hoy, muchas de esas voces se han vuelto distantes. Y nos preguntamos: ¿por qué cuesta tanto volver a encontrarnos? ¿En qué momento el fuego se volvió pantalla? ¿Qué onda con la inclusión?
Si bien las redes sociales nos dieron visibilidad, también nos dejaron atrapadas en una ilusión: compartir es participar. Un like o un repost puede parecer un gesto de compromiso, pero también una forma de tranquilizar la conciencia sin transformar nada. Esa sensación de “ya hice algo” nos separa del cuerpo, de la calle, de la colectividad. Antes gritábamos juntas; hoy opinamos solas desde un perfil. Como dice Morozov (2009), el slacktivismo —forma de activismo político o social que requiere un mínimo esfuerzo— da la impresión de cambio, pero en realidad puede debilitar el poder de la acción sostenida.1
En la colectiva estudiantil LaVanda sentimos esa tensión cada día. Nuestra misión, que nació como un espacio de acompañamiento y reflexión feminista, ahora se enfrenta a la apatía, al miedo, al juicio o al simple agotamiento, pero ¿por qué? ¿Por qué no aceptamos reunirnos, pero sí aceptamos repostear publicaciones en historias de Instagram y likear un post? Tal vez la verdadera pregunta no es si la inclusión “ya no está de moda”, sino cómo reaprender a habitarla desde lo cotidiano, sin pantallas de por medio.
Para nosotras, si los likes reemplazan los cuerpos, la acción pierde fuerza. La lucha por ocupar espacios dentro de la universidad por hablar de feminismo y por acompañarnos se diluye cuando solo ocurre detrás de una pantalla.
Las redes, con su lógica de exhibición constante, nos enseñan a cuidar la imagen antes que la acción. Nos hacen temer la crítica, la cancelación o el simple desacuerdo. Poco a poco el “yo” se impone sobre el “nosotras” y lo colectivo se vuelve una idea nostálgica. Sin embargo, dejar morir estos espacios sería ir en contra de nuestra propia historia: porque si hoy tenemos voz y espacio es gracias a quienes antes se atrevieron a sostener y atravesar la incomodidad juntas.
LaVanda existe porque aún creemos en la importancia de lo común. Como dice Segato (2018), “lo común solo existe cuando se defiende colectivamente”. Y esa defensa empieza en el encuentro real, en la conversación, en el sostenernos entre nosotras más allá de las redes.
Porque quizás el cambio empiece de nuevo ahí… en las manos que se tocan sin pantalla, en las voces que se escuchan sin filtro, en la ternura de sabernos parte de algo más grande que nosotras.

CONOCE MÁS EN:
Instagram: @lavandafem
1 Morozov, E. (2009, 19 de mayo). The brave new world of slacktivism. Foreign Policy. https://bit.ly/49y6uPn
2 Segato, R. (2018). Contra–pedagogías de la crueldad. Prometeo Libros.