Paola Aldrete, Diego Tomasino, Alejandra Hernández / académicas y docente del iteso

Editorial

América Latina ha sido, históricamente, un territorio de contrastes: cuna de movimientos sociales que transformaron paradigmas, pero también escenario de profundas desigualdades que atraviesan generaciones. En este contexto, hablar de diversidad, equidad e inclusión (DEI) ya no es un tema accesorio o “políticamente correcto”; es una responsabilidad ética, social y organizacional.

Hoy, frente al avance de discursos antiderechos, la polarización política y la desinformación, la inclusión se vuelve un terreno en disputa. Empresas, gobiernos, universidades, medios de comunicación y organizaciones sociales enfrentan el reto de definirse: ¿serán cómplices del retroceso o protagonistas de un cambio hacia sociedades más justas y equitativas?

Persisten prácticas discriminatorias que excluyen a personas por su género, identidad u orientación sexual, edad, etnia, discapacidad, neurodivergencia o condición socioeconómica. Se reproducen estigmas hacia las personas trans y no binarias, hacia quienes tienen más de 50 años en el mundo laboral o hacia jóvenes que provienen de contextos de vulnerabilidad. La promesa de igualdad de oportunidades, en demasiados casos, aún no pasa de ser un discurso vacío.

Sin embargo, también emergen nuevas oportunidades: empresas que incorporan políticas inclusivas reales, movimientos sociales que reivindican la interseccionalidad, colectivos que generan redes de apoyo frente a la violencia y proyectos educativos y culturales que promueven narrativas más plurales. La región, con su historia de resistencia y creatividad, tiene la posibilidad de marcar un camino distinto: imaginar futuros inclusivos desde la voz y la experiencia de su gente.