Pedro Reyes Linares, s.j. / Profesor del Departamento de Filosofía y Humanidades del iteso

IA: mira a quién trabaja

Toda creación tecnológica, en este caso la Inteligencia Artificial (ia), puede ser mirada desde el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio: todas las cosas creadas son ayuda para alcanzar el fin para el que hemos sido hechos. Ese fin es la vida en abundancia, la que, rebasando nuestras propias medidas, puede convertirnos en fuente de vida para otras personas y criaturas, trascendiendo incluso la muerte. Para alcanzar el fin es necesario detenernos a alabar y reverenciar al creador, de modo que, antes de correr a utilizar la ia, contemplemos con gratitud la inteligencia que la ha constituido, no solo individual (como pretende la ideología del genio autor), sino la de muchos otros: la mayoría sin nombre, aquellos que en la historia desearon, buscaron, imaginaron y trabajaron para concebir lo que hoy nos ofrece este sistema.

Podemos admirar y dar reverencia a la creatividad de estas personas, a los deseos que las movieron y a su entrega para generarla, convirtiéndonos en seguidores agradecidos de su intención. Todo ha de ordenarse a que la vida permanezca abundante y, al extenderse a todas y todos, convoque a unirse en este esfuerzo por el bien más universal. Esto implica un ejercicio crítico que celebre lo que vamos creando para servir a ese fin y corrija lo que pueda nacer de otra ambición y sentido. Detenernos para preguntar con inteligencia sobre el fin que buscamos y cómo nos estamos encaminando a él es la invitación que la espiritualidad ignaciana nos da para de verdad aprovechar la ia.

Ilustración: creada por ia (dall–e) a partir de un prompt de @mimi_._msgv y Marifer Ruvalcaba