Clavigero Núm. 2

No. 2

Educaciones alternativas

Periodo: noviembre 2016 – enero 2017

Este número de Clavigero se compone de textos que presentan una perspectiva política de la educación, podríamos decir que es una gran reflexión contrahegemónica. Participan autores que, desde su práctica y distintas trincheras, han impulsado nuevas estrategias de educar, pero que también son actores públicos con una postura crítica, que dialogan en este espacio con los clásicos pensadores de lo educativo, desde una visión contrahegemónica para su tiempo.

En sí, es una pequeña muestra de actores de la sociedad, que de cara a la educación hacen esfuerzos cotidianos y colectivos por hacerle agujeros a la hegemonía desde una perspectiva que nosotros nombramos “Educaciones alternativas”.

Elba Noemí Gómez Gómez
Ma. Guadalupe Valdés Dávila
Coordinadoras del número

Publicado: 2017-31-01

Contenido

  • Editorial
  • Programa de aprendizaje para el buen vivir
    Victor Ojeda
  • Declaración para la descolonización de la educación
    Manish Jain, Shikshantar Andolan
  • La educación zapatista
    Leticia Madera
  • Ejercer la ciudadanía ¿llegó el momento?
    Felipe de J. Alatorre Rodríguez
  • Ciencia a sorbos. Para qué sirve un museo de ciencia
    Maya Viesca Lobatón
  • La Pizca. Educación para el buen convivir
    Fernando Barajas y Jorge Atilano
  • La escuela como movimiento social
    Guadalupe Valdés y Noemí Gómez
  • Sopa de letras. «La educación alternativa»
    Mariana Arpio
  • Educación, Libertad y Autonomía
  • ¿Es posible otra educación?
    María del Carmen Vicencio Acevedo
  • Consideraciones acerca del proyecto de educación alternativa
    Sócrates Pérez

Editorial

“Educaciones alternativas. Alternativas para la educación”

La educación se encuentra impregnada de metanarrativas legitimadas desde el poder, desde el sistema, que en el caso de nuestro país se encuentra íntimamente ligado a la economía, a la política, a la cultura; pero en realidad es un asunto histórico, la inequidad, la deshumanización ha permeado a la educación oficial. Frente a tal realidad aparecen propuestas y voces “alternativas” que responden, que resisten, que alzan la voz y proponen modelos, estrategias de educación y de país.

Este número se compone de textos que presentan una perspectiva política de la educación, podríamos decir que es una gran reflexión contrahegemónica.

Invitamos a autores que desde su práctica y distintas trincheras han impulsado nuevas estrategias de educar, pero que también son actores públicos con una postura crítica, que dialogan en este espacio con los clásicos pensadores de lo educativo, desde una visión contrahegemónica para su tiempo.

Marik, Victor Ojeda y Sócrates representan la agudeza de una crítica fundamentada a la educación actual y sus reformas neoliberales. En el artículo central ofrecemos una perspectiva histórica, pero también muy actual de pensadores, no todos los que existen, solo un pequeño mosaico, que han pensado la educación desde lo alternativo, desde la utopía de un mundo mejor.

Leticia Madera hace un breve recuento de una realidad puesta en marcha, que es la escuela autónoma zapatista; nos habla de cómo ese hacer ha inspirado a muchos otros que representan las muchas resistencias.

María Fors, desde su experiencia en un espacio escolarizado, comparte sus reflexiones en torno a la relación de la escuela con la comunidad y el compromiso de formar a los alumnos de cara a la realidad social y a la justicia social.

En esta encrucijada de la vida puedes localizar, habitar, sumarte, suscribir las palabras claves de las educaciones alternativas, es lo que quiere representar el ejercicio sencillo que nos ofrece la alumna Mariana Arpio, que toma como nombre “Sopa de letras”.

Felipe, Fernando y Jorge Atilano, nos regalan un par de texto que nos muestran las tareas pendientes de la educación; trazan rutas esperanzadoras y colectivas para seguir caminando con dignidad, de la mano de aquel otro que es excluido de los bienes del planeta.

Cerramos el número con un manifiesto, el manifiesto de Manish Jain, que representa una voz que se alza para expresar una postura y, principalmente, nos hace una invitación a realizar acciones concretas, que él, en particular, teje alrededor de la inclusión, frente a la exclusión de millones de habitantes de este mundo globalizado y neoliberal.

En sí el presente número es una pequeña muestra de actores de la sociedad, que de cara a la educación hacen esfuerzos cotidianos y colectivos por hacerle agujeros a la hegemonía desde una perspectiva que nosotros nombramos “Educaciones alternativas”.

Noemí Gómez y Guadalupe Valdés, coordinadoras del número

La educación zapatista

 

La educación es producida y productora de la realidad social, de ahí la importancia de cuestionarnos sobre sus fines y la necesidad que inspira a los proyectos de educación alternativa. El neoliberalismo logró asentarse en el último rincón del planeta, introduciendo un modelo cultural homogenizador y una educación que responde al capital y no al interés de las mayorías. Este propósito es confrontado por modelos educativos que buscan revertir la exclusión social.

Surgen formas alternativas de construir nuevos saberes que puedan ser la base de otras miradas y lenguajes, otras lógicas de pensamiento y formas de construir nuestros lazos con la sociedad y la naturaleza, como el Movimiento de los Sin Tierra, de Brasil; la Universidad de las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina, y la Escuela Autónoma Zapatista, en Chiapas México, que toman la educación en sus manos, al margen de los gobiernos, y ven en ella un factor fundamental en la lucha por la emancipación y como una posibilidad de comprensión de la realidad alterna al capitalismo. Proyectos político–educativos que estimulan la participación crítica en la vida púbica y confrontan las relaciones desiguales de poder, que dan lugar a nuevas subjetividades, conocimientos, valores y prácticas sociales.

La educación zapatista favorece la reflexión y la acción sobre el mundo para transformarlo a través de los encuentros entre luchadores sociales del país y del mundo para compartir experiencias y aprendizajes.

Para disputar al gobierno su derecho a decidir sobre su territorio y destino los zapatistas crearon el Sistema de Educación Autónoma Zapatista, con el cual forjan un modelo alter–pedagógico transgresor de las disposiciones oficiales, con capacidad de interpretar su realidad e incidir sobre ella. Este sistema involucra a alumnos, promotores de educación, autoridades y familias en la responsabilidad de definir, diseñar y evaluar la educación; consensa sobre las condiciones necesarias para la construcción del conocimiento y los contenidos, que suelen referir a la opresión de los pueblos indígenas, a las demandas zapatistas, y cómo estas se expresan en los ámbitos de la comunidad, la nación y el mundo.

La escuela autónoma da lugar a un aprendizaje gradual de la libertad y enseña a hacerse responsable en colectivo de los problemas de la escuela y de los pueblos. Es intercultural e intralingüística pues coinciden alumnos y mentores de distintos grupos étnicos; se fomenta el trabajo en equipos interétnicos donde unos y otros se enseñan su lengua y su cultura. La clase no tiene muros, se aprende a combatir la plaga en la milpa o se realizan campañas de prevención de enfermedades. Es autogestionaria porque se niega a recibir apoyos oficiales; intersubjetiva, porque la relación entre autoridades y sus pueblos o los promotores y alumnos es horizontal. Es decolonial porque persigue la transformación social, la liberación, y rescata y valida el saber y los modos de vida ancestrales y comunitarios.

La educación zapatista es ejemplo de pedagogía que enuncia y anuncia nuevas formas de entender la educación, y da lugar a un sujeto que se va construyendo en el proceso organizativo de la resistencia. Un alumno que es tomado en cuenta en los asuntos de la escuela aprenderá que su aportación es valiosa en la solución de los asuntos públicos. Quien aprende de las luchas de los desheredados, quien se organiza al lado de sus iguales verá los sistemas sociales como resultado de procesos históricos de la acción humana, y será capaz de combatir la opresión.

Leticia Madera / Investigadora en temas de educación

Ejercer la ciudadanía ¿llegó el momento?

 

¿Tiene razón el Gobierno de Jalisco para preocuparse por las manifestaciones públicas? Estas expresiones de descontento reflejan el desencanto de los mexicanos con la democracia  (Latinobarómetro, 2013). Son reacciones frente a las crisis que rebasan la capacidad de los gobiernos. ¿Qué significa esto en un país donde el avance de la democracia ha sido sumamente difícil?

Son múltiples las vías para enfrentar la situación, como lo hacen miles de organizaciones ciudadanas, aunque esto no es suficiente para revertir las causas del crecimiento de la pobreza, de la violencia hacia las mujeres, las violaciones a los derechos humanos, el deterioro del medio ambiente, la corrupción y otros problemas.

¿Qué pasa con los que aún no se deciden a actuar? ¿Por qué a muchos no les indigna que el sueldo percibido por una cuarta parte la población del país no alcance para cubrir sus necesidades básicas? ¿Por qué no les enoja que la riqueza de los millonarios mexicanos siga creciendo? ¿Por qué la organización ciudadana no avanza con mayor velocidad?

Las repuestas están en nuestra historia: más de setenta años de gobiernos de un solo partido, el control gubernamental de las organizaciones sociales y el intercambio de apoyos por votos. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD 2004) llama “ciudadanía de baja intensidad” a las personas poco participativas y que no se asumen como actores en el desarrollo de  la democracia. Una investigación del Instituto Nacional Electoral (INE, 2014) señala la desconfianza que existe entre ciudadanos y autoridades, y que nuestras redes de colaboración se limitan al ámbito familiar, vecinal y algunos grupos religiosos.

Los ciudadanos organizados debemos ser un contrapeso al estado para que cumpla con su responsabilidad. Tres tareas son clave para ello: más y mejores organizaciones, incrementar nuestra participación en acciones públicas y formarnos en la ciudadanía, esto es, crear capacidades para criticar normas, ideas, costumbres y valores que favorecen el control de las personas, así como favorecer acciones concretas para el ejercicio de la ciudadanía. Trascender una visión localista, reconocerse en la humanidad, trabajar para ampliar las libertades y emprender acciones orientadas a construir un mundo más justo. Formar sujetos pensantes, críticos, con herramientas para aportar a una sociedad incluyente y responsable.

Los esfuerzos de organización por demandas específicas pueden ser maneras de contagiar a otros. La lucha por el acceso al agua y por la seguridad; demandar precios justos para los productos del campo; la legalización del matrimonio igualitario, el cese de la violencia contra las mujeres y los comunicadores pueden ser limitadas si no se entienden como luchas por ampliar los derechos. Entender que estos problemas tienen que ver con procesos como la desigualdad, la corrupción y el autoritarismo para trabajar con una visión amplia que facilite la colaboración con otras organizaciones. Trascender el aislamiento incrementa las posibilidades de éxito de las demandas específicas y es una forma de reconocernos en la construcción de un país en el que todos podamos vivir en paz.

Una sociedad organizada y actuante obligará a los gobiernos a hacer mejores esfuerzos por resolver los problemas sociales y a usar eficientemente los recursos que ponemos en sus manos. El reto, tal parece, es claro.

Felipe de J. Alatorre Rodríguez/Académico del Centro de Investigación y Formación Social

Corporación Latinobarómetro. Informe 2013. Corporación Latinobarómetro, Santiago de Chile, 2013. DE: http://www.latinobarometro.org/documentos/LATBD_INFORME_LB_2013.pdf

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Informe sobre la democracia en América Latina; hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas, PNUD, Buenos Aires, 2014, pág. 66. DE: http://www2.ohchr.org/spanish/issues/democracy/costarica/docs/PNUD-seminario.pdf

 Instituto Nacional Electoral. Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México, INE, México, 2015. DE:

http://www.ine.mx/archivos2/portal/DECEYEC/EducacionCivica/informePais/

Ciencia a sorbos

Para qué sirve un museo de ciencia

 

 

Durante los siglos XVI y XVII, época de grandes exploraciones y descubrimientos, los cuartos de maravillas o gabinetes de curiosidades eran lugares donde se mostraban objetos que sus propietarios consideraban exóticos, raros o únicos. Provenientes tanto del mundo natural como de la creación humana, de estas llamadas Wunderkammer derivaron los actuales museos.

Cualquiera que haya sido la motivación que los creó —el poder que brinda la posibilidad de diferenciarse por la posesión de objetos irrepetibles o la auténtica curiosidad por conocer lo distinto o desconocido—, estos espacios pasaron de ser lugares cerrados, en donde los únicos observantes eran los dueños y su círculo cercano, a grandes infraestructuras que reciben millones de visitantes por año.

En la actualidad los museos de ciencia cumplen papeles necesarios para las sociedades; funcionan como espacios de esparcimiento y donde se busca hacer del conocimiento público temas relacionados con la ciencia y, en muchas ocasiones, como espacios de educación no formal.

En una sesión del Café Scientifique ITESO, espacio de divulgación de la ciencia, Silvia Singer, directora del Museo Interactivo de Economía en la Ciudad de México, preocupada por que estos espacios sigan teniendo vigencia, se pregunta cómo deben ser los museos de ciencia y qué papel tienen más allá de la conservación y la exhibición. Si bien han pasado de ser lugares de mera observación a espacios para “meter las manos” (hands on) y para involucrase emocionalmente (hearts on), pueden funcionar también como espacios que doten de un mayor poder para participar en la sociedad.

Es probable que muchos nos sintamos lejos de los museos de ciencia. En nuestro país no abundan y pareciera que son exclusivamente para niños. ¿Qué hay en ellos que pueda resultar de interés para todos?

Según Silvia Singer, “cuando la sociedad está separada del conocimiento científico estamos perdiendo posibilidades de entender nuestro entorno. No podemos entender los fenómenos, cómo funcionan las cosas, y por lo tanto las decisiones que tomamos están muy marcadas por los medios masivos de comunicación, por el mercadeo y por otras influencias que nos indican las maneras de proceder, de seleccionar cosas, momentos, actitudes e incluso valores”.

El conocimiento como una forma de entender y conocer el mundo, dice Singer, es una manera de “dotar a la sociedad de un poder de mejor decisión. En la medida en que entiendo el entorno puedo tener un pensamiento crítico y decidir qué es lo quiero hacer. Conocimiento es poder, y la divulgación de la ciencia lo que busca es hacer que este poder llegue a otras personas que no sean solo los científicos o las instituciones que resguardar lo que estos científicos producen”.

Si, como dice Singer, la divulgación de la ciencia tiene como función hacer que podamos acceder al conocimiento de una manera más democrática, me pregunto si no debiera de ser una demanda social como otras, en donde se alcanzaran amplios niveles de cobertura en la sociedad, que fuera accesible tanto geográfica como intelectualmente, y que estuviera vinculada con la vida cotidiana.

La charla de Silvia Singer en el Café Scientifique puede escucharse en cultura.iteso.mx/cafe_scientifique; en la que responde algunas de estas preguntas y a la inquietud de que a través de museos, charlas, libros o programas de televisión, en lo físico o lo virtual, sigamos teniendo acceso a las maravillas que la exploración del conocimiento de la naturaleza y de nosotros mismos nos sigue ofreciendo.

La Pizca. Experiencia y pensamiento Jesuita

Educación para el buen convivir

¿Qué es educación? ¿Qué significa ir a la escuela hoy? Para nuestros padres y aún para nosotros,  la escuela era el primer escalón de una pirámide social; más años en la escuela implicaba más ascenso económico. En la escuela se encontraba la vocación y se desarrollban capacidades artísticas, físicas e intelectuales.

¿Sigue la escuela llenando esas expectativas? La educación no es un fenómeno aislado, no existe una cantidad de conocimientos o capacidades específicas que los niños y jóvenes deban aprender para desarrollarse. No obstante, la educación como institución pública tiende al aislamiento y la estandarización.

Aquellas aspiraciones de ascenso social pueden leerse en relación con dos formas particulares de entender el capitalismo. El capitalismo anterior a los años 80  del siglo XX, prometía bonanza a cualquiera que se esforzara lo suficiente, y el neoliberalismo ahora propone mecanismos de mercado a la educación.

En este siglo la ideología del sueño inmediato e individual ha generado una competencia en la que los jóvenes trabajan por nada o muy poco. La educación se convierte en una mercancía, una forma de explotar los deseos perpetuamente frustrados de los consumidores. Si estas formas de entender la educación corresponden a un sistema pernicioso de valores comerciales y económicos, necesitamos maneras creativas de afrontar el proceso educativo, incluyentes y diversas.

La educación para el buen convivir es una propuesta del Proyecto de Reconstrucción del Tejido Social del Centro de Investigación y Acción Social Jesuitas por la Paz para escapar de la estandarización y el aislamiento.

El buen convivir como principio educativo no se limita a fomentar capacidades o conocimientos en los estudiantes como forma de perpetuar un estado de las cosas; no promueve sueños personales e inmediatos explotables por el capitalismo salvaje. Más bien invita a construir en comunidad, a poner en el centro del proceso educativo las necesidades de la comunidad escolar antes que modelos externos que pretendan dirigir las mentes jóvenes en uno u otro sentido.

La educación para el buen convivir representa un compromiso de padres, maestros, directivos, trabajadores y alumnos para construir la educación que sueñan. Si las políticas educativas individualistas han mostrado su falsedad y su propensión a formar jóvenes que se convertirán en trabajadores explotados, tenemos derecho a pensar en otras formas de educarnos que atiendan a nuestros pensamientos creativos, tradiciones e ilusiones.

No hay una educación del buen convivir sin una conciencia amplia de la fragmentación del tejido social. La escuela no puede darle la espalda a lo que ocurre afuera y tratar de resolver problemas individuales en el aula. Esta educación sabe que el aumento de la violencia dentro de sus instalaciones está relacionada con un entorno violento, y que los retos que enfrentan los niños y los jóvenes en clase se relacionan con los retos que enfrentan las familias en los planos emocional, laboral y económico.

El buen convivir y la educación se adaptan y moldean de acuerdo con quien los sueña. Parten del reconocimiento de la fragmentación del tejido social y del deseo de reconstruirlo. Podemos reconocer este tipo de educación siempre que ponga en el centro de su tarea el buen convivir, de tal manera que rija sus decisiones, que reúna a todos los interesados y que genere procesos de reconciliación y resolución de conflictos que involucre a muchos. Ante formas de educación verticales, el buen convivir propone que soñemos juntos la escuela que queremos. Tomemos la escuela en nuestras manos para moldearla con un sentido ético, social y de cuidado.

Fernando Barajas y Jorge Atilano, miembros del Proyecto de Reconstrucción del Tejido Social del Centro de Investigación y Acción Social Jesuitas por la Paz.

La escuela como movimiento social

Entrevista con María Fors / Directora de Signos secundaria y bachillerato para adolescentes

La visión de María Fors es producto de una trayectoria profesional en el ámbito educativo. El significado de lo alternativo lo ha construido en la acción cotidiana en una escuela comprometida con el cambio social que se logra al transgredir la verticalidad que caracteriza a las escuelas que desconocen el valor de la comunidad en la formación.

¿Cuál es la misión social de las escuelas?

La escuela debe ser un ente social y político de cambio. En lugar de seguir el modelo clásico de escuela, que reproduce el sistema dominante, la escuela como movimiento social se inserta en la necesidad de la transformación civilizatoria.

¿Cuál es la función de la escuela en el desarrollo local y regional?

La función de movimiento social se vería concretada en lo local y lo regional. La escuela construirá puentes para transitar de ida y vuelta con grupos y comunidades. Así se enriquecería con ellos y, a la vez se haría solidaria ante las injusticias y los despojos que ocurren de manera cotidiana. Los alumnos se acercarían a realidades que la escuela conservadora mantiene lejos; trabajarían aplicando los conocimientos construidos en la escuela.

¿Cómo se trabaja desde la escuela para lograr iniciativas comunes, orientadas al mejoramiento de la vida comunitaria?

Colocando lo colectivo sobre lo individual, tarea nada sencilla en una civilización que exalta al individuo en detrimento de lo comunitario. Esto en todas las relaciones que se dan en la escuela entre maestros, alumnos, comunidades y grupos.

¿Cómo se involucra a los estudiantes en acciones comunitarias que favorezcan el buen vivir y el bienestar social?

No se invita a los alumnos a un servicio social obligatorio para cumplir con un requisito escolar. Los maestros están involucrados con la comunidad, participan en proyectos a favor de ella y desde ahí invitan a los alumnos, que participan porque quieren hacerlo y no sólo por una calificación.

¿Qué caracteriza a las escuelas que se transforman en movimientos sociales?

Su participación comunitaria, su convicción en la necesidad de transformar el mundo en uno más justo y acorde con la vida y sus procesos. Su postura crítica y de denuncia ante todo aquello que lo impide.

¿Cuáles son las ventajas y beneficios de que se establezcan vínculos entre la escuela y la comunidad?

Una escuela que se aleja del simulacro, que inserta a los alumnos en la realidad y la necesidad de transformarla. La posibilidad de que los alumnos pongan en práctica sus conocimientos y que vivan en relación, como un eslabón en la cadena de la vida y de la comunidad a la que pertenecen.

¿Qué acciones contribuyen al establecimiento de esos vínculos?

La escuela tendrá que ser autocrítica y reconocer sus vínculos con el sistema dominante para apartarse de ellos. Toda acción que establezca el valor de lo común sobre lo individual.

¿Cuál es el papel de la escuela en el reconocimiento y la visibilidad de las sociabilidades locales?

La mayoría viven aisladas, cuidando la escuela como empresa para más clientes. Esto cambia cuando la escuela se asume como parte vital de la comunidad, cuando abre sus puertas a otros grupos. Se necesita ser mucho más que un profesor y un alumno; es necesario construir al ciudadano desde la escuela.

¿Cómo se asume un profesor en su papel de actor social?

Más que un profesor, es un profesor ciudadano que se sabe actor social y político, que trabaja por una causa, más allá de un sueldo; vive la escuela más allá de la materia que imparte, la vive como un movimiento social.

Guadalupe Valdés y Noemí Gómez, académicas del Departamento de Psicología, Educación y Salud