Un espacio de ocio para pensar y platicar la ciencia

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Maya Viesca Lobatón / Académica del Centro de Promoción Cultural y coordinadora del Café Scientifique del ITESO

Para el aclamado físico teórico y divulgador Michio Kaku los humanos venimos al mundo naturalmente científicos: “cuando nacemos, queremos saber por qué brillan las estrellas, por qué el sol se levanta”. Es una cita conocida su consejo de “mantener la llama de la curiosidad y el asombro con vida, […] es la fuente de la que nosotros, los científicos, obtenemos nuestra alimentación y energía”.

Las ricas trayectorias de estos investigadores, reflejo de las muchas preguntas que se han planteado en la vida y las maneras que han elegido para responderlas, sirve de plató para que los asistentes hagamos el ejercicio de formular nuestra curiosidad, de recuperar esa inocencia de nuestros años mozos cuando aún no la habíamos etiquetado como ignorancia; cuando no habíamos aún tapiado el pozo de nuestra capacidad de asombro a fuerza de obtener respuestas flacas o incapaces.

Biólogos, físicos, matemáticos, geólogos, arqueólogos, psiquiatras, entre muchos otros que abrazan en la base de su trabajo el método científico, se disponen el primer martes de cada mes en la hermosa Casa ITESO Clavigero para dar respuesta a preguntas como ¿cómo el ser humano empezó a multiplicar y emplear en su vida sustantivos, verbos, artículos o preposiciones para pasar de sus primeros balbuceos para conseguir comida o refugio hasta llegar a Hamlet o El llano en llamas? ¿Qué hace la Luna por nosotros? ¿Por qué dormimos? ¿Estamos solos en el universo? o ¿Genéticamente, qué nos hace ser lo que somos?

Tomando un café como lo haríamos con un colega o amigo, científicos de la talla de Antonio Lazcano, Federico Solórzano, Marcelino Cereijido, Julia Tagüeña, Francisco González Crussí, Luis A. Orozco, Luis F. Rodríguez, Guillermo Contreras Nuño, Daniel Malacara, Ruy Pérez Tamayo, Juan Carlos López Alvarenga, Xavier Gómez Mont, María Elena Medina Mora, Maggie Adererin-Pockoc, Alberto Kornblitth, Luis Herrera Estrella, Toby Miller o Rodrigo Medellín se sientan en nuestra mesa en un ejercicio de preguntas y respuestas que buscan estrechar la distancia entre los que “saben” y los que no, los que “entienden” y los que no, a fin de situarnos todos en calidad de ciudadanos de un universo al que queremos comprender,.

Tal vez no es un exceso posicionar a estos investigadores en el papel que hace casi trescientos años tuvieron los indígenas de Veracruz para que la llama de la curiosidad de Francisco Xavier Clavigero se avivara. Como narra su biógrafo Juan Luis Maneiro SJ, hablando de la infancia de este ilustre personaje, “no existía monte elevado, ni cueva oscura, ni valle ameno, ni fuente, ni riachuelo, ni algún otro lugar que atrajera la curiosidad del niño, a donde dejaran [los indígenas de la zona] de llevarlo para agradarlo. Tampoco existía pájaro o cuadrúpedo o flor o fruta o planta tenida como rara que no le llevaran como regalo cariñoso y cuya naturaleza no explicaran, hasta donde ellos podían hacerlo, a aquel niño curioso”.

Esta columna que hoy se inaugura tiene como fin avivar esta llama a la que se refiere Kaku haciendo eco de un ya muy asentado espacio de divulgación de la ciencia del ITESO, el Café Scientifique. Este proyecto que comenzó en 2004 cuyo lema es precisamente “un espacio de ocio para pensar y platicar la ciencia”, invita mensualmente a reconocidos científicos a conversar con todos aquellos que quieran acercarse a compartir su propia curiosidad con ellos.

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